Acrocordones y diabetes: lo que tu piel puede estar diciendo sobre tu metabolismo

Los acrocordones, también conocidos como fibromas blandos, papilomas cutáneos o “skin tags”, son pequeñas lesiones benignas de la piel que suelen aparecer como colgajos blandos, del color de la piel o algo más oscuros.

¿Te suenan? Seguramente, por estos nombres no los reconozcas pero por verrugas sí. 

 

Son muy frecuentes en zonas de roce como el cuello, las axilas, los párpados, la ingle o debajo del pecho. 

En la mayoría de los casos no duelen, no son peligrosos y muchas personas los consideran solo un problema estético. 

Sin embargo, la evidencia científica ha mostrado que, cuando aparecen en número elevado o de forma recurrente, pueden ser una señal visible de alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. 

¿Qué relación tienen los acrocordones con la diabetes?

La relación entre acrocordones y diabetes no significa que todas las personas que tienen estas lesiones tengan diabetes. Tampoco quiere decir que los acrocordones “causen” diabetes. Lo que sí sugieren varios estudios es que pueden actuar como un marcador cutáneo, es decir, una señal en la piel que invita a revisar cómo está funcionando el metabolismo de la glucosa.

El vínculo principal parece estar en la resistencia a la insulina. En esta situación, las células del cuerpo responden peor a la insulina, por lo que el páncreas necesita producir más cantidad para mantener la glucosa en sangre dentro de rangos adecuados. 

Ese exceso de insulina circulante, conocido como hiperinsulinemia, puede estimular factores de crecimiento en la piel y favorecer la proliferación de células como queratinocitos y fibroblastos, implicadas en la formación de los acrocordones.

La insulina también puede actuar como factor de crecimiento

La insulina no solo participa en el control de la glucosa. Cuando se encuentra en niveles elevados durante mucho tiempo, puede comportarse como un estímulo de crecimiento para algunos tejidos. La investigación ha relacionado este fenómeno con la activación de vías similares a las del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1, conocido como IGF-1. En los acrocordones se ha observado una mayor expresión de receptores relacionados con estos factores de crecimiento, lo que ayuda a explicar por qué estas lesiones pueden aparecer con más frecuencia en personas con obesidad, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2.

Dicho de forma sencilla: si el cuerpo mantiene niveles altos de insulina durante mucho tiempo, la piel puede reflejarlo mediante cambios visibles. Los acrocordones serían una de esas posibles señales.

¿Cuándo deberían llamar la atención?

Un acrocordón aislado no suele ser motivo de alarma. Son lesiones muy comunes, sobre todo a partir de la cuarta década de la vida. Sin embargo, conviene prestar más atención cuando aparecen:

  • Muchos acrocordones, especialmente en cuello y axilas.
  • Lesiones nuevas que aumentan rápidamente en número.
  • Acrocordones asociados a aumento de peso, obesidad abdominal o antecedentes familiares de diabetes.
  • Acrocordones junto con manchas oscuras y aterciopeladas en cuello, axilas o ingles, conocidas como acantosis nigricans.
  • Acrocordones en personas con hipertensión, colesterol o triglicéridos elevados.

La evidencia revisada señala que los acrocordones múltiples se han asociado con mayor probabilidad de alteraciones en el metabolismo de la glucosa y con parámetros relacionados con el síndrome metabólico, como obesidad abdominal, dislipidemia e hipertensión.

Por eso, aunque los acrocordones suelen ser benignos, cuando aparecen en gran número o de forma repetida pueden ser una señal para revisar la salud metabólica.

No significa que tengas diabetes, pero sí puede ser un buen momento para consultar, hacer una analítica y comprobar glucosa, HbA1c, lípidos y tensión arterial.

En definitiva, la piel también puede dar pistas sobre lo que ocurre dentro del cuerpo. 

Escuchar esas señales a tiempo puede ayudar a prevenir y actuar antes.

Estate atento para más…

Referencias:

  1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK547724/
  2. Köseoğlu, H. G., Bozca, B. C., Başsorgun, C. İ., Sarı, R., Akbaş, S. H., & Karakaş, A. A. (2020). The role of insulin-like growth factor in Acrochordon Etiopathology. BMC dermatology, 20(1), 14. https://doi.org/10.1186/s12895-020-00111-0
  3. Shah, R., Jindal, A., & Patel, N. (2014). Acrochordons as a cutaneous sign of metabolic syndrome: a case-control study. Annals of medical and health sciences research, 4(2), 202–205. https://doi.org/10.4103/2141-9248.129040

 

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